viernes, 25 de abril de 2014

Inteligencia Colectiva según el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)



Autora: Nehomaris Sucre



Siguiendo la línea argumentativa de Rey (S/F: 6) a grosso modo entendemos como Inteligencia Colectiva (IC en adelante) aquella en la que el todo es más inteligente que las partes. En esa dirección, según el autor existen dos modelos de IC:

“Modelos colectivistas o sociales”:
En este paradigma la inteligencia surge de los vínculos conscientes, del interés por compartir, dar, recibir y socializar. De este modo, el sentido de pertenencia que nos inclina a trabajar en comunidad es lo que estimula la eficacia del modelo,  ya que sirve de empuje vital para el rastreo creativo de soluciones. La “inteligencia colectiva” se mueve aquí como “inteligencia conectiva”, y el diseño de participación pone el acento en robustecer la pieza más social de los enlaces conscientes.

“Modelos de agregación individual”: 
 La inteligencia emana de enlazar y sumar las consecuencias de comportamientos individuales que en ninguna ocasión buscan de manera consciente un sentido de grupo sino que se conducen exclusivamente por ego o interés personal. De este modo, las personas “colaboran” únicamente por el resultad y no por el proceso. El diseño de participación  es, en este modelo, más tecnológico ya que solo busca hallar una forma ingeniosa de agregar las aportaciones individuales.  

Según el autor (Ídem) Tanto el paradigma de colaboración consciente como el inconsciente son validos, y se predice que coexistirán en el tiempo, puesto se prestan para objetivos distintos.

Rey (Íbidem: 4) nos narra su entrevista con Peter Gloor un experto en redes de innovación colaborativa (Collaborative Innovation Networks- COINs) quien estudia cómo promover estas redes explotando los beneficios de la colaboración creativa y las redes sociales.

Para el Sr. Gloor (citado por Rey) el cimiento de la inteligencia colectiva es relacionar personas y/o computadores a fin de posibilitar el intercambio y bajo esa orientación mejorar la “sensibilidad social” de la organización es un eslabón del proceso.  Esto nos conduce a reflexionar sobre los múltiples logros que gracias la IC podríamos como sociedad alcanzar, entre ellos se encuentra la posibilidad de hacernos más sensibles –en lo social- partiendo del mismísimo trabajo colectivo, pero por supuesto esto ameritaría que se ampliarán los programas destinados a promover y estudiar la inteligencia en colaboración y además esto tampoco nos garantiza que se dé un alcance global de los logros, ya que tal como ocurre en la actualidad es mayormente desde los países más desarrollados desde donde se llevan a cabo los proyectos de IC, pese a que muchos de estos proyectos pretenden resolver problemas globales.

No obstante, indudablemente, a la inteligencia en colaboración  le aguarda un futuro prometedor, sobre todo por su habilidad para hacer más democráticos los procesos de toma de decisiones, razón por la cual inclusive en el campo de lo político y con ayuda de la tecnología necesaria podrían crearse importantes plataformas para la búsqueda de soluciones de esa índole.

En fin, con el impulso y el buen uso que pueda dársele a la inteligencia en colaboración esta sociedad puede dar pasos importantes para su liberación, o bien para el uso correcto de este tipo de inteligencia podría ser necesaria primero la emancipación de la humanidad a fin de frenar posibles vicios en los que puedan incurrir quienes desarrollen y lideren las plataformas tecnológica para la IC. Ambos escenarios son factibles.


Fuente:

Inmigrantes y nativos digitales: realidades y retos de la política 2.0

Autora: Nehomaris Sucre



Para el Consultor Marc Prensky (2001)  existen en la actualidad dos tipos de individuos de acuerdo al momento tecnológico en el cual nacieron, por un lado se encuentran los “Nativos Digitales” y por el otro los “Inmigrantes Digitales”, los primeros son concebidos como una generación joven que emergió en medio de la edad digital donde la información y el conocimiento aguardan a un “click” de distancia, en tanto que los segundos son entendidos como miembros de una generación que si bien no nació en la era digital ha tenido el desafío de irse adaptando a la misma, cual inmigrante que se ve en la obligación de aprender la lengua del país receptor a fin de acoplarse con su entorno.

La brecha existente entre “inmigrantes” y “nativos” se evidencia en la forma de socializar de unos y de otros, para los primeros el contacto persona a persona es lo normal y los de otro tipo entran en la categoría de “novedades”, sin embargo para los segundos la relación con sus semejantes por vía de mensajería instantánea, redes sociales, correos electrónicos, microblogging y mensajes de textos no guarda nada de extraño ni de novedoso, sino que es parte del día a día.

 Para los nativos, acostumbrados a los juegos de video, el computador resulta ser un aliado más, pero para los inmigrantes se convierte en un huésped hostil al cual por convencionalismo deben tratar.

Bajo este panorama germina uno de los mayores retos de la política 2.0: comprender a los nativos y “enamorar” a los inmigrantes. En principio se trata de hacer que los políticos –en su mayoría inmigrantes digitales- entiendan a los nativos, internalicen sus deseos y además se presenten como iguales a ellos, aunque en la realidad no lo sean, para esto todo político que pretenda sumergirse en las aguas del mundo 2.0 debe tener a su disposición  un buen equipo de nativos digitales que le enseñen a nadar en tan profundos océanos, de forma tal que el político aprenda la jerga del nativo y esconda su acento de inmigrante lo mejor posible, a fin de que metodológicamente se le facilite persuadir a las nuevas generaciones. El político que se niegue a incursionar en el mundo 2.0 tiene muy pocas posibilidades de ganar influencia sobre los nativos, población que crece día a día.

Por otra parte, el político debe lograr que el inmigrante digital se enamore de las nuevas tecnologías, ya que estás suponen mayores posibilidades de interacción y cercanía entre él y sus seguidores, pero, para alguien que percibe esos nuevos medios de comunicación como un rival, le es menos posible mirar con buenos ojos los mensajes que a través de él llegan. Inclusive en muchos casos al obtener la información  la desechará y en otros ni siquiera querrá acceder a esta.  Sin embargo, también existe la opción de enlazar el contenido de las redes sociales, por ejemplo, con medios impresos, así como también con la radio y con la televisión, artilugios con los cuales los inmigrantes digitales se la llevan mejor dado los años de relación que les vinculan.

De todas formas, el contacto persona a persona no debe relegarse de ningún modo y esencialmente el político del mundo 2.0 debe presentarse como un “ciudadano universal” conocedor de todos los idiomas y dueño de todos los acentos. 

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