viernes, 25 de abril de 2014

Inmigrantes y nativos digitales: realidades y retos de la política 2.0

Autora: Nehomaris Sucre



Para el Consultor Marc Prensky (2001)  existen en la actualidad dos tipos de individuos de acuerdo al momento tecnológico en el cual nacieron, por un lado se encuentran los “Nativos Digitales” y por el otro los “Inmigrantes Digitales”, los primeros son concebidos como una generación joven que emergió en medio de la edad digital donde la información y el conocimiento aguardan a un “click” de distancia, en tanto que los segundos son entendidos como miembros de una generación que si bien no nació en la era digital ha tenido el desafío de irse adaptando a la misma, cual inmigrante que se ve en la obligación de aprender la lengua del país receptor a fin de acoplarse con su entorno.

La brecha existente entre “inmigrantes” y “nativos” se evidencia en la forma de socializar de unos y de otros, para los primeros el contacto persona a persona es lo normal y los de otro tipo entran en la categoría de “novedades”, sin embargo para los segundos la relación con sus semejantes por vía de mensajería instantánea, redes sociales, correos electrónicos, microblogging y mensajes de textos no guarda nada de extraño ni de novedoso, sino que es parte del día a día.

 Para los nativos, acostumbrados a los juegos de video, el computador resulta ser un aliado más, pero para los inmigrantes se convierte en un huésped hostil al cual por convencionalismo deben tratar.

Bajo este panorama germina uno de los mayores retos de la política 2.0: comprender a los nativos y “enamorar” a los inmigrantes. En principio se trata de hacer que los políticos –en su mayoría inmigrantes digitales- entiendan a los nativos, internalicen sus deseos y además se presenten como iguales a ellos, aunque en la realidad no lo sean, para esto todo político que pretenda sumergirse en las aguas del mundo 2.0 debe tener a su disposición  un buen equipo de nativos digitales que le enseñen a nadar en tan profundos océanos, de forma tal que el político aprenda la jerga del nativo y esconda su acento de inmigrante lo mejor posible, a fin de que metodológicamente se le facilite persuadir a las nuevas generaciones. El político que se niegue a incursionar en el mundo 2.0 tiene muy pocas posibilidades de ganar influencia sobre los nativos, población que crece día a día.

Por otra parte, el político debe lograr que el inmigrante digital se enamore de las nuevas tecnologías, ya que estás suponen mayores posibilidades de interacción y cercanía entre él y sus seguidores, pero, para alguien que percibe esos nuevos medios de comunicación como un rival, le es menos posible mirar con buenos ojos los mensajes que a través de él llegan. Inclusive en muchos casos al obtener la información  la desechará y en otros ni siquiera querrá acceder a esta.  Sin embargo, también existe la opción de enlazar el contenido de las redes sociales, por ejemplo, con medios impresos, así como también con la radio y con la televisión, artilugios con los cuales los inmigrantes digitales se la llevan mejor dado los años de relación que les vinculan.

De todas formas, el contacto persona a persona no debe relegarse de ningún modo y esencialmente el político del mundo 2.0 debe presentarse como un “ciudadano universal” conocedor de todos los idiomas y dueño de todos los acentos. 

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