lunes, 13 de diciembre de 2010

Pan y rosas: género y lucha de clases



Por: Livia Vargas

Ellas se arrojaron... las mujeres trabajadoras de Lawrence decidieron, a principios de 1912, salir a la huelga exigiendo "el pan, pero también las rosas". La bárbara explotación a la que eran sometidas trabajadoras y trabajadores por parte de la burguesía, llevó a estas mujeres, en su mayoría no sindicalizadas, a emprender una huelga que decantaría, gracias a su gallardía y fuerza y al acompañamiento de sus hermanos de clase, a la reducción de la jornada laboral y el aumento de los salarios. Este emblemático acontecimiento -que dejó saldos de sangre para la clase obrera-, en el que las mujeres trabajadoras y el resto de la clase trabajadora doblegaron a la burguesía, no se lo verá en su justa dimensión si no se toman en cuenta las formas de organización que permitieron la acción decisiva y protagónica de las mujeres en su desarrollo y desenlace. Desde el propio comité de huelga, conformado por mujeres y hombres, se crearon comedores y guarderías comunitarios que permitieron a las mujeres disponer del tiempo necesario para la lucha y al mismo tiempo contrarrestar los ataques que maestros, vecinos y amigos venían haciendo a los niños por la actividad de sus madres y padres. Las trabajadoras, dispuestas a no dejarse imponer roles auxiliares durante la huelga, y concientes también del machismo de sus compañeros de clase, organizaron también sus propias reuniones. Ellas tomaron el cielo por asalto y lograron una de las primeras victorias del proletariado en EE.UU.; ellas mostraron el protagonismo decisivo de las mujeres en las grandes luchas obreras, protagonismo que siempre ha estado presente en el desarrollo de acontecimientos históricos decisivos y que sin embargo ha sido invisibilizado por la historia oficial y patriarcal.

Hacer homenaje a esta huelga y a las consignas que levantó parte, por un lado, de la convicción de que todo programa y proyecto revolucionario debe contemplar dentro de sí la lucha por la emancipación de la mujer y, por el otro, de la convicción de que la opresión de la mujer se inscribe dentro de la lucha de clases y que, por tanto, la lucha por su emancipación implica también la lucha por la abolición del capitalismo.

Capitalismo y patriarcado vs. Género y lucha de clases

Capitalismo y patriarcado han logrado hacer una santa alianza: la opresión de la mujer impuesta por el patriarcado desde hace cientos de años, ha permitido al capitalismo robustecerse. En primer lugar, el patriarcado le ha garantizado al capitalismo la reproducción de la fuerza de trabajo -el "destino" de la mujer consiste en parir y criar hijas e hijos para la "sociedad"; en segundo, le ha permitido disponer de mano de obra con dedicación exclusiva ­-los trabajadores varones no tienen que dedicarse a las labores domésticas que han sido impuestas a las mujeres como parte de los roles propios de "su naturaleza"- y, en tercer lugar, le ha brindado disponer del cuerpo de la mujer como objeto para el disfrute y goce de los varones, pudiendo explotarlos no solo como trofeos de guerra y virilidad, o en el negocio de las tratas, sino también como imágenes para la publicidad y venta de sus productos. Por eso asumimos como nuestra la lucha feminista.

Sin embargo, el feminismo que se plantea la sola lucha por la igualdad de género no pretende la abolición de toda forma de explotación y opresión; más bien, pretende igualarse a la privilegiada posición de los varones burgueses en el plano político, económico y civil. Nuestro feminismo, por el contrario, asume que la única manera de abolir cualquier forma de explotación y de opresión, es luchando por la superación de la subordinación social en el marco de una sociedad sin clases.

Asimismo, aquellos que subestiman la necesaria lucha por la emancipación de la mujer, colocándola como una lucha "pequeñoburguesa", desconocen que son las mujeres el sector más explotado, y que el no luchar por su emancipación no hace sino perpetuar las relaciones de opresión que viene sosteniendo el capitalismo, y que se expresan día a día en los saldos de muerte de mujeres por abortos clandestinos, en los feminicidios que en nuestro país cada día son más numerosos, en las grandes diferencias salariales y de condición social con respecto a los varones, y en la extenuante cotidianidad que impone a la mujer una doble y hasta triple jornada laboral.

Convencidos/as de la imbricación que existe entre lucha de género y lucha de clases, y convencidas/os de que son nuestras estas luchas, presentamos esta columna como un espacio de denuncia, debate y discusión necesarios para la construcción de un mundo sin explotados/as y oprimidos/as.